IGLESIA PARROQUIAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
Su construcción se atribuye al infante don Sancho Pérez, nieto del Rey Alfonso X el Sabio, primer señor de Ledesma, y quien se cree que residió en Monleras cuando andaba fugitivo, al caer en desgracia de los monarcas Sancho IV el Bravo y Fernando IV el Emplazado. Construída en sillares de granito, con una mezcla de estilos que van del siglo XIV al XVII. En su interior la iglesia se divide en dos partes que se corresponden con dos estilos y épocas diferentes. La que pudiéramos llamar noble, corresponde a la mitad de la iglesia que se extiende hacia el altar mayor. Cuenta con soberbios muros, arcos que arrancan de unas originales ménsulas preparadas para soportan bóvedas de crucería. La capilla mayor está levantada sobre una escalinata, con testero semioctogonal preparado para sobrellevar una bóveda de crucería que nunca llegó a realizarse. La nave está dividida en cuatro tramos por tres arcos de medio punto ligeramente apuntados.
El retablo del altar mayor mezcla elementos barrocos y neoclásicos y se atribuye a algún artista local desaparecido.
Guarda en su interior un magnífico Cristo gótico de madera policromada del siglo XIV que ha sido ejemplarmente restaurado.
El aspecto exterior de la iglesia recuerda una fortaleza que pudiera servir de defensa a sus habitantes. Grandes contrafuertes y una sillería perfecta sostienen el edificio. Está coronada por una espadaña.
Todo el edificio se levanta sobre un gran atrio que lo circunda y al que se accede por unas escalinatas.
ANFITEATRO
El “Anfiteatro” de Monleras se encuentra situado detrás del juego de pelota, entre la iglesia y el edificio del Ayuntamiento, en un espacio que contaba ya con una inclinación natural del terreno. Se aprovechó esta circunstancia para crear un auditorio al aire libre, donde se pudieran realizar todas las actividades culturales del verano. Consta de un escenario construido sobre la pared posterior del frontón y una serie de gradas de piedra de forma semicircular, al estilo de los antiguos teatros clásicos. Este espacio ha sido construido por los vecinos a través de trabajos comunitarios, y recibió el premio C de embellecimiento de la Junta de Castilla y León.
MOLINO DE SAMUEL
Gran importancia en la historia de Monleras tuvieron los molinos. Incluso se piensa que el nombre de Monleras proviene de “molineras” y hace referencia a los numerosos molinos y aceñas que había en las márgenes del Tormes y de las riveras que en él desembocaban. Según testimonios de algunos mayores del pueblo, se pueden contar cinco aceñas en el Tormes y nueve molinos en las márgenes de la rivera del Villar, así como otros cuatro en el Arroyo, que desemboca en dicha rivera.
En la actualidad, las aceñas que había en el Tormes se encuentran bajo las aguas del pantano de Almendra, así como algunos de los molinos situados en la rivera del Villar, que desembocaba en el Tormes. Del resto sólo quedan las ruinas, a excepción del Molino de Samuel, situado en el lugar conocido como La Riguerina, que ha sido reconstruído hace unos pocos años gracias a la iniciativa del Ayuntamiento, y con la colaboración de los vecinos del pueblo a través de trabajos comunitarios, así como a través de algunos de los Campos Internacionales de Trabajo realizados en el mes de Julio de estos últimos años. De esta manera se ha recuperado como un museo donde se puede ver moler el grano cuando hay agua en su pesquera.
ARQUITECTURA POPULAR
La vivienda
Habitualmente, las casas eran de una sola planta, con sobrado y un portal grande de acceso al cuerpo de casa. Un portalillo pequeño daba a la calle. En el interior nos encontramos con una sala con dos alcobas, que da a la fachada exterior de la casa.
La cocina tenía el cernidero, con chimenea de campana, con las cantareras (a veces solían estar en el portal, o debajo de la escalera para aprovechar el espacio), el fuego bajo en una lancha y un escaño a cada lado. El horno de cocer el pan daba al fuego de la cocina. Solía haber una despensa que daba a la cocina.
En el sobrado estaban las paneras para meter el grano (trigo, cebada, centeno, algarrobas). Tenían ventanas para airear el grano. En algunas ocasiones había alguna habitación en el sobrado. Las escaleras para subir al sobrado solían ser de madera o de piedra pero no eran muy amplias a pesar de que por allí tenían que subir los sacos de grano.
Todas las casas tenían un corral que solía ser delantero y era el lugar de acceso a la casa. Para entrar al corral estaba la típica puerta carretera, con el caballete, aunque no en todas.
En torno al corral estaban las “tenadas” para que comieran los terneros, las vacas y los bueyes. El “cebonero” era donde se metían los cerdos para la matanza que se traían en la época de cebarlos, allá por el mes de septiembre. El gallinero consistía en unos palos colocados en una esquina. Le echaban la ceniza del brasero porque decían que así las gallinas ponían más huevos. Luego estaba el pajar, con un “buracón” para echar directamente la paja con la brienda desde el carro al pajar. Otras dependencias eran la cuadra del burro, el cernidero (donde se amasaba el pan) y el horno. En medio del corral estaba el “muladar”.
La puerta de acceso a la vivienda era de dos hojas divididas: la de arriba era el cuarterón, con el picaporte, y la de abajo, el portón, con la gatera.
Fuentes
Son numerosas las fuentes que hay repartidas por todo el término de Monleras. De entre ellas algunas destacan por su construcción, pudiendo hacer una distinción entre dos tipos:
- Las construídas con piedras de cantería y que tienen cubierta abovedada, a modo de las fuentes romanas. Entre ellas en Monleras están la Fuente Nueva, que cuenta con lavadero, o la Fuente Arriba, más pequeña. Tienen escaleras también de piedra para acceder al agua.
- Las construídas con lanchas de piedra colocadas unas verticales y otras horizontales formando el cerramiento, que va disminuyendo en altura desde la boca al fondo. También se accede al agua por medio de escalones de piedra. Entre ellas está la Fuente del Garrufayo, en el casco urbano, situada en la calle del mismo nombre, y también otra repartidas en valles a huertos del término, como Fuentegonina, etc
Pocilgas
Antiguamente los cerdos estaban la mayor parte del tiempo en el campo, en las pocilgas, que eran construcciones en piedra que constaban de uno o varios habitáculos, y rodeados por un corral con pared también de piedra. La cubierta se hacía con piedra, por el sistema de aproximación de hileras, y se cudría después con tierra, para que quedaran totalmente protegidos frente a las lluvias. En las lastras o peñas que había al lado de las pocilgas, se excavaban las pilas donde se les echaba la comida a los cerdos.
Son muchas las pocilgas que aún se pueden ver en el término de Monleras, algunas de ellas todavía en buen estado de conservación.
Chozos
Son construcciones de planta circular hechas por completo en piedra, incluso el tejado, que en ocasiones estaba cubierto por tierra para así evitar que se filtrara el agua. En el centro del tejado tenían una pequeña abertura para que por ella saliera el humo cuando se encendía lumbre dentro de él. Su función era servir de refugio a los pastores ante las inclemencias del tiempo. Algunos de los chozos repartidos por el término son el chozo de Peñagúa, el de Peña Ratonera o el del Becerril.
Pozas de lavar
Es el nombre que se da a los antiguos lavaderos de piedra. De entre ellos destaca la Poza de la Naveta, situada a unos 500 m. del pueblo, en el paraje del mismo nombre, que ha sido restaurada a través de algunos de los campos de trabajo internacionales que han tenido lugar en los últimos veranos. Esta poza tiene una pared exterior de piedra que la protegía. Dentro está el lavadero, de forma rectangular y construído con piedras de cantería.
Otras pozas situadas en el término son:
- La poza de la Fuente Nueva, situada a las afueras del pueblo, al lado de la fuente del mismo nombre.
- La poza de la “Nava el Gago”, actualmente en terreno embalsado, aunque a menudo queda descubierta. Similar en su construcción a la poza de La Naveta.